Tucumán, una de las provincias con mayor tráfico en el comercio exterior del país, enfrenta una serie de complicaciones y desfases con las exportaciones que ya se advierten en el movimiento económico y que generaron un estado de incertidumbre y alarma en los sectores involucrados. Los problemas climáticos, como la dura sequía que afectó los campos durante gran parte del año, los obstáculos que muestran los mercados a donde van dirigidos las producciones tucumanas y el tipo de cambio retrasado y sin miras de modificaciones en la Argentina están impactando en las exportaciones tucumanas, pero también en la mayoría de las provincias que comercializan con el exterior.

En el primer semestre de este año, ese golpe comenzó a sentirse de manera cada vez más evidente en la actividad productiva de la provincia. Un informe privado confirmó la preocupación que ya era ostensible entre los exportadores locales. Así, Tucumán figura entre los cinco distritos del país más damnificado y muestra que la colocación de frutas frescas a otros mercados cayeron un 23%, y un 16% las frutas secas o procesadas, en el primer semestre de 2012. Esa caída implica, básicamente, un menor ingreso de divisas y la posibilidad de que se resientan las contrataciones de trabajadores y de servicios.

En ese conjunto de obstáculos, no es menor el producido por el cierre de las importaciones, que prácticamente ha sido decretado el Gobierno nacional -en muchos caso, esas decisiones no fueron registradas por ningún instrumento público-, de tal forma que algunos tradicionales compradores de los países afectados por esa decisión comercial han reaccionando levantando el interés por mantener el vínculo con el mercado argentino. Según algunas previsiones, sólo el arándano, que se cosechará desde setiembre, podría ser la excepción a este cuadro.

En ese panorama complejo, ha sido la producción del limón, una de la más afectada por las dificultades. La sequía estival fue particularmente inclemente con la fruta fresca, la variante exportadora por excelencia. La escasez de lluvia en los momentos clave de la maduración redundó en una menor producción limonera, por lo que la presente será una cosecha corta. Un dato debe tenerse en cuanto para acercarse a una cuantificación del problema: el 51% de las exportaciones locales corresponde al sector del citrus y los derivados industriales, según informes oficiales de 2011.

La frutilla, en tanto, está teniendo una campaña particularmente dramática. Además de las contingencias naturales que la afectaron, la producción está sintiendo la decisión del Gobierno de Estados Unidos (a donde va buena parte de la cosecha) de suspender a la Argentina del Sistema Generalizado de Preferencias, que eximía a esa producción del pago de aranceles de exportación a ese mercado. El 80% de la frutilla que se cosecha en las fincas provinciales se vende al exterior.

Aunque es cierto que Tucumán registra una destacada evolución de sus exportaciones en los últimos años (se comercializan productos y bienes por un poco más de U$S 1.000 millones y ocupa el segundo lugar en el NOA; Catamarca con sus exportaciones mineras, está al tope del ránking), este retroceso no debiera ser tomado a la ligera por las autoridades competentes. Es que no sólo son evidencias de la gravedad de la crisis económica internacional (el mundo compra menos), de una menor competitividad de los productos (los mayores costos y la inflación se hacen sentir), y de que las trabas internas atacan especialmente a este sector, sino que esta caída implicará una baja en la tributación impositiva. Así, este cuadro generalizado impone la necesidad de abrir un necesario debate para una reducción fiscal a las empresas afectadas y un replanteo en la política recaudatoria.